De las fantasmagorías(*) a la verdad: La Cantuta

Perú 21, 17-03-08
Alfonso Grados

 

¿Qué lección nos deja el proceso al extraditado Alberto Fujimori y los argumentos que esgrime su defensa? El autor esboza un interesante panorama.

El inesperado quiebre del estereotipo de compostura -que se les instaura como imagen de carácter militar- apenas iniciada la postergada comparecencia del hoy mayor Velarde como testigo ante el tribunal que juzga al ex presidente Fujimori, seguramente es el episodio más vívido del abismo que existe entre la funambulesca realidad que el compuesto abogado César Nakazaki se ha propuesto lograr que creamos y la verdadera consistencia mafiosa con que la “Troika” prostituyó el espíritu y la acción de la institucionalidad castrense.

No fue una muestra de debilidad ese medio sollozo que se esforzó el austero oficial por sofocar de inmediato. Ni de vergüenza admisoria de la complicidad de que se le acusa en otro tribunal por el secuestro y asesinato del las inermes víctimas de La Cantuta.

Fue la ira y la impotencia con que desde el 16 de julio de 1992 hasta hoy el entonces teniente Velarde ha visto hacerse añicos la ilusión con que abrazó la carrera militar, escarnecidos sus símbolos por el perverso sistema que ante el mismo tribunal el coronel Cléber Pino, ex director nacional de la INTE, en ese tiempo, calificó como “los días más tristes del Ejército; se descabezaban las líneas de promoción”. Y agregó: “La fuente del poder: El asesor del presidente” (un largo silencio en la sala).

Y así, la presencia hasta entonces fantasmal en este proceso de Vladimiro Montesinos apareció para que el “impoluto” Fujimori adquiriera su real consistencia. Aquella en la que Hermoza Ríos y Montesinos (el “mariscal” sin victorias y el “doctor” sin lealtades) encarnan al Fujimori hecho “Troika” sin disfraces, ni tapujos.

Las recientes semanas, al focalizar al ‘Grupo Colina’ en su contexto integral, a través de los sucesos y comportamientos de los asesinatos de La Cantuta, han desmenuzado el fantasioso imaginario político militar en que el Dr. Nakazaki ha pretendido, con su mejor ingenio elucubrador, consagrar no solo la impunidad del ex presidente (o la “duda razonable” en el “criterio de conciencia”), sino -seguramente sin proponérselo- que ella quedase como una mancha indeleble en los fastos castrenses del país.

Como en las tragedias griegas, el acto final de La Cantuta pone en escena el transcurso inexorable de protagonistas y víctimas, del ejercicio omnímodo de la lujuria del poder, del envilecimiento de la institucionalidad endeble a la complicidad, la sumisión o hasta el encallanamiento.

El Fujimori-Troika pareciera haberse propuesto ese designio desde que eligió al desacreditado Montesinos como su consejero en los días aurorales de su gobierno, en su residencia del Círculo Militar. Lo hizo su orientador de confianza para sus relaciones con el poder militar. El propio Fujimori, declarando como reo ante el tribunal que hoy lo juzga, señaló por propia iniciativa que Montesinos le presentó al general Hermoza Ríos como opción preferente. De allí en adelante la Comandancia General del Ejército era una prenda de fidelidad, tanto por el poder abierto a su ambición (por algo lo recomendaba el “doctor”, ya liberado del infamante apelativo de “traidor”) como por el ojo vigilante sobre la conducta de todas las Fuerzas Armadas que desde la partida confirió a Montesinos, convertido en el absoluto patrón del SIN, encubierto tras un general encantado de ser apenas un mascarón complaciente.

Así, escalón tras escalón, por debajo de las jerarquías prefabricadas como producto del descabezamiento señalado más arriba por el coronel Pino. Es decir, el Ejército con sus comandos en pleno, convocados ante el SIN, teniendo como intermediario y garante el “doctor” del juramento escrito al Supremo Jefe Fujimori.

Esto no necesita el doctor Nakazaki exhibirlo en el tribunal como prueba del respetuoso cumplimiento de los manuales a los que tanto acude para tratar de que nada llegue al Olimpo de su presidente impoluto. Sería la mejor evidencia de para qué sirve la entelequia de sus directivas y manuales, cuando lo que impera es la descarnada realidad que los hace letra muerta.

Poder corruptor en ese acto final de la tragedia griega se anticipa en La Cantuta, como si ya vislumbrara la debacle jurídica que representan para aquel sistema que hoy sigan en prisión prácticamente todas las jerarquías castrenses más altas que ejercieron los ministerios de Guerra, Marina, Aviación y de la Policía Nacional, por haber dispuesto fraudulentas partidas de gastos en sus respectivas carteras para los cheques mensuales con que abastecían las clandestinas cajas millonarias con que Montesinos, en nombre suyo (y ¿alguien duda hoy también de Fujimori?) ejercía el chantaje y el soborno desde su oficina del SIN convertida en videoteca. ¿A qué reglamento le había dispuesto Fujimori que esas cosas no deberían ocurrir? ¿Nunca se enteró?

En los coros del acto final de aquella simbólica tragedia de La Cantuta se presagiaba también el envilecimiento del Poder Judicial por Montesinos (la videoteca se ha regodeado en consignarlo). En cuanto al Poder Legislativo basta leer el Diario de Debates, en que la obsecuencia parlamentaria se muestra sin pudores la conducta colectiva de la mayoría complaciente, aunque haga brillar por contraste la dignidad de los parlamentarios que no cejaron en denunciar el verdadero estado purulento del país.

Terminemos aquí como un simple adelanto de lo que podrá ser verificado y comentado tras los testimonios de la próxima semana del teniente sobre la catadura del siempre tan impávido general Pérez Documet, y del periodista Umberto Jara sobre la verdadera faz de Santiago Martin Rivas.

Como colofón basta, por hoy, recordar el testimonio del comandante Carlos Miranda, cuando enterado por el teniente Portella del hecho consumado de los secuestros y asesinatos de La Cantuta, al acudir conturbado para denunciarlos ante su jefe, el general Pérez Documet, este le respondió: “Carajo, ¿por qué te preocupas?, que se preocupen el comandante general y Rodríguez Córdova”.

¿De qué quedan dudas sobre la creación, asignación, de fines y oficialización y recursos al grupo Colina y prueba plena del conocimiento y encubrimiento de sus crímenes? ¿Qué dirá ahora Pérez Documet? ¿Hermoza no tenía idea? ¿Montesinos le ocultaba a Fujimori? ¿Qué cree Ud.?

(*) Fantasmagorías: Arte de representar fantasmas por medio de una ilusión óptica.

**Periodista

 

 

 

 

 

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