¡Kenji presidente!

Cuando el juicio a Alberto Fujimori entra en una etapa crítica, el alto mando fujimorista emprende dos maniobras encadenadas, buscando consolidar a Keiko Fujimori como la gran alternativa de la familia imperial.
La primera es el anunciado viaje de Keiko a los Estados Unidos, “para terminar sus estudios”. Por supuesto que es laudable su intención de culminar su formación. Pero no puede dejar de llamar la atención que, luego de permanecer en primera línea en pleno embarazo y durante esos difíciles primeros meses como madre, decida alejarse del país por seis meses, justo cuando están por desarrollarse las diligencias más importantes del juicio de su padre. Precisamente allí reside una clave para entender esta decisión. Se trata de mantenerla apartada del inevitable desgaste que va a significar la confrontación de Fujimori con sus principales socios y coacusados: Vladimiro Montesinos y Nicolás de Bari Hermoza. Hasta aquí, Keiko ha desempeñado el papel de vocera de la familia con éxito, pero lo que se viene puede quemar a cualquiera.
Alberto Fujimori ha cargado varias de las responsabilidades penales que le tocan sobre los hombros de sus colaboradores, especialmente sobre los generales Víctor Malca y Nicolás de Bari Hermoza. Mientras Malca continúe prófugo, él no debe ser motivo de preocupación. Pero con Hermoza la cosa es distinta: está por ver si el “general victorioso” decide cargar altruistamente con culpas ajenas, o si pone las cosas en su sitio, para salvaguardar su propia causa. Es igualmente incierto el panorama con relación a Montesinos, que tenía derecho a guardar silencio en los juicios en los cuales participaba como acusado, pero como testigo está obligado a contestar los interrogatorios. Con estos antecedentes, parece una buena idea no exponer a Keiko a semejante prueba.
Esta maniobra se complementaba con la de emprender la recolección de firmas, para crear, por enésima vez, una nueva organización fujimorista. Esta tarea debería permitir movilizar a sus seguidores, mantener la imagen de Keiko, mientras estuviera fuera, y dar una demostración de fuerza que permitiera contrarrestar un panorama crecientemente adverso.
Pero he aquí que Keiko no ha partido aún y Kenji Fujimori ya ha brindado un adelanto de lo que se viene: al anunciar ‘urbi et orbi’ que el millón de firmas que quieren recolectar es “el pasaporte a la libertad de Alberto Fujimori” ha malogrado la trama, y es dudoso que la invocación de Keiko a que no le hagan caso arregle el desa-guisado. Kenji ha cometido una falla imperdonable en un líder fujimorista: ha dicho la verdad.
¿Podrá Keiko concentrarse un semestre en sus estudios?
¿Ustedes qué creen?







