Hoy en Juicio y Sanción a Fujimori

Jornada de contradicciones

El reciente lanzamiento del nuevo partido fujimorista y la candidatura presidencial de Keiko Fujimori sin duda estuvo planeado desde antes. Sin embargo, algo que aceleró el lanzamiento fue la evaluación de que Fujimori “va muerto” en el juicio. En la sesión del lunes, sus propios testigos se le voltearon y el acusado está comprobando que el tribunal es muy acucioso en determinar responsabilidades y advertir contradicciones. De allí que hayan decidido presionar a la justicia a través de una partidarización del caso. Incluso el inefable Kenyi proclamó a los cuatro vientos que la absolución de su padre estaba en manos del eventual respaldo político que pudiera tener la candidatura de Keiko en el 2011.

Aunque todos los testigos, citados por la defensa, negaron alguna cercanía a Vladimiro Montesinos y menos aún al grupo Colina, ninguno de ellos pudo ser preciso en señalar sus propias funciones dentro de las fuerzas armadas, así como el funcionamiento de las operaciones antisubversivas, además de negar conocer las violaciones a derechos humanos.

Basta oír al General José Delgado Bejarano decir que desconoce si el Jefe de las Fuerzas Armadas tiene la obligación de transmitir al presidente de la República la estrategia dentro de un conflicto armado interno, o responder que la “guerra de baja intensidad” se aplica en situaciones de movimientos insurgentes irregulares, pero en otros países; para luego afirmar que Sendero Luminoso fue precisamente un movimiento irregular, agregando que en este caso se siguieron las directivas. Su participación se cerró con una negación rotunda de haber realizado algún informe de inteligencia (que era parte de su labor) sobre los hechos de Cantuta y Barrios Altos.

El General Carlos Chamochumbi, a su turno, reconoció que el crimen de Barrios Altos pudo ser un hecho aislado el cual desconoció en su momento por encontrarse en Washington. Señaló  que jamás vio el manual de guerra antisubversiva elaborado en 1991. Luego dudó y en seguida afirmó que “escapa a su conocimiento” quién fue el autor de las acciones antisubversivas. Ello tras afirmar muy seguro, al inicio de su interrogatorio, que es el Presidente de la República el responsable de decidir quién conduce la guerra en una situación de levantamiento como la que ocurrió en los ochentas.

José Pastor Vives, quien fue Comandante de la 5ta. Región del Ejército en el año 91, se vio en aprietos cuando César San Martín fue incisivo en recordarle que, si inteligencia operativa era intercambiar información “¿Por qué había dicho que sabía que llevaban armas?”. Tras dar varias vueltas la respuesta de Pastor reflejaba ansiedad “me consta porque se sabe…”.
Las respuestas del General retirado Víctor Pizarro Castañeda giraron en torno a una misma comparsa, precisando por ejemplo, que se enteró del autogolpe porque lo hicieron venir de la región norte para que el General Hermoza Ríos le informara que “El Presidente iba a cerrar el Congreso” e inmediatamente regresarlo a su zona en un avión del ejército. Al final, el ex General Alfonso Robledo Del Águila, cerró su intervención reconociendo ante San Martín (previa aclaración sobre los términos “mando” y “comando”) que Fujimori, como Presidente comandaba, es decir, que podía impartir órdenes.

Cano: Fujimori sí dio órdenes.

A decir de la doctora Gloria Cano, abogada de APRODEH, todo esto deja entrever que los testigos vinieron preparados con una línea de respuestas. Sin embargo, en el interrogatorio a cargo de la parte civil, quedó en evidencia su ineficiencia durante el ejercicio de sus funciones pues los oficiales afirmaron desconocer lo que casi todo el país conocía.

Para la letrada, lo más importante es que se ha probado que el memorándum de felicitación al grupo Colina se hizo en dos oportunidades y con el propósito de que se les ascendiera, pero que además fue una orden de Fujimori bajo la modalidad de un documento interno que facilitara su ascenso aún cuando dicho proceso estuviera cerrado. Dicha felicitación, además, era por la elaboración de un manual de política antisubversiva que ningún testigo afirmó conocer.

Y por supuesto, quedó más que probado que Fujimori sí tenía el comando, y que los mandos militares involucrados podían recibir órdenes del mismo, tal como en el caso del ascenso de los miembros del grupo Colina.

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